La vuelta al mundo en 80 días: Vietnam

Tras atravesar Camboya de norte a sur, tocó hacer lo contrario en el país vecino, Vietnam.

Año Nuevo Chino

Año del Gallo, Can Tho

Planeando el viaje no me planteé que lo vietnamitas celebrasen el año nuevo chino, y menos que coincidiese con el año nuevo vietnamita, llamado Tết. Lo cual tiene ventajas e inconvenientes.

Por un lado todo sube, tanto el transporte como el alojamiento; algunas atracciones y la mayoría de comercios cierran; dura una semana; y se celebra mayormente en familia.

Pero esto no quiere decir que no acabes celebrándolo con una o varias familias vietnamitas; que a partir del tercer día todo empiece a volver a la normalidad; y que es una oportunidad única de ver las ciudades decoradas con estatuas (este año con gallos) y flores, además de diversas ferias y miles de personas caminando por las calles.

El borde entre Camboya y Vietnam

Frontera entre Camboya y Vietnam

Cruzar la frontera el día de año nuevo quizás no fue la mejor opción; ya que sólo una de las compañías vietnamitas trabajaba, costaba 2 dólares más de lo normal, y necesité cuatro furgonetas para llegar desde Kep a mi destino final en Can Tho.

Pero el borde en sí fue el más tranquilo que he cruzado nunca ya que no había casi nadie, el propio conductor de la furgoneta se encargó de sellar los pasaportes al salir de Camboya; y como ahora tenemos 15 días de visa gratis en Vietnam, sólo tuve que firmar un papel de que no portaba ninguna enfermedad para entrar en territorio vietnamita.

El viaje transcurrió sin incidencias salvo una espera de una hora en Ha Tien y la conducción casi suicida vietnamita, sumado al hecho de que meten más personas que asientos tiene la furgoneta. Aun así me fue mejor que a las suecas haciendo noche en Ha Tien porque es el único día del año que el ferry a Phu Quoc no sale; o al canadiense que intentó volver a entrar en Vietnam con una single entry visa, momentos antes de descubrir que su maleta se había quedado en Kampot.

Can Tho

Amanece en el Delta del Mekong

Mi idea era pasar dos noches en Can Tho y explorar el delta del Mekong, especialmente para ver el mercado flotante. Pero al coincidir con año nuevo el mercado no abría hasta el lunes por lo que decidí quedarme un día más.

Los dos primeros días los pasé caminando por la ciudad, comiendo en la calle,  y sobretodo viendo a la gente sacarse fotos con todas y cada una de las esculturas de gallos, flores y demás artefactos que decoraban la ciudad; nunca he visto tantos palos selfie en mi vida como en Can Tho. Aproveché además para comprarme una tarjeta 4G de 7GB por sólo $5, cuyo internet funcionó realmente rápido durante todo el viaje.

Rumbo al mercado flotante

El lunes madrugué despertándome a las 5 de la mañana para ir a negociar el barco; aunque no sé me dio muy bien y al estar sólo acabé pagando los 300 000 dong (12 €) por tres horas de tour. Por lo menos mi conductor era un crack y aunque no hablaba ni gota de inglés no paraba de reírse. Después de llevarme por el río mientras amanecía y echar gasolina, me llevó a desayunar a un restaurante flotante.

El mercado en sí estaba prácticamente desierto, lo que no tiene nada que ver con un día normal de actividad, y tampoco estaban trabajando en la fabrica de noodles, pero aún así me hice la idea y fue una mañana bien completa, en la que también pude contemplar como gira la vida de la gente alrededor del río y los canales; ya sea para lavarse los dientes o la ropa, hacer la comida, y fregar los cacharros.

Celebrando el año nuevo con mis amigos vietnamitas

El caso es que a las 9:30 estábamos de vuelta en el puerto y aunque tenía la opción de irme a Saigon, decidí quedarme en Can Tho y buscar una peluquería. Pero tras pasear por un mercado local acabé metiéndome por un callejón para vivir una de las mayores aventuras de mi vida.

Tres hombre me invitaron a sentarme con ellos tras ofrecerme un chupito de vino de arroz, y pese a que tampoco hablaban nada de inglés, estuve con ellos seis horas en las que me pasearon por cuatro casas diferentes dándome de beber y comer, cantando y jugando a las cartas, y en definitiva siendo parte de su año nuevo hasta que me llevaron en moto de vuelta al hotel.

Ho Chi Minh City

Tanque 843, Ho Chi Minh

El martes a las 10 de la mañana cogí un autobús cama rumbo a Ho Chi Minh City, donde llegué en cuatro horas y volví a juntarme con David. Pasamos tres días recorriendo la ciudad de día y de noche, y también aproveché para cortarme el pelo y llevar la ropa a la lavandería.

Visitamos el Palacio de la Reunificación, con replicas de los tanques que acabaron la guerra en la entrada y una multitud de salas y despachos; y el Museo de los Remanentes de la Guerra, con numerosos vehículos en el patio, una cantidad exagerada de fotos (incluida la famosa foto de la niña del napalm) abarrotando las paredes interiores lo que dificulta la visita, e incluso vitrinas con fetos afectados por el agente naranja.

El Pho en la calle sabe mejor

También hicimos la excursión a los túneles de Cu Chi aunque fue una de las más decepcionantes de mi vida, llena de gente y muy apresurada, por lo que hubiese sido mejor intentar llegar por nuestra cuenta. Pero aún así impresiona que pudiesen llegar a pasar seis horas dentro de unos túneles tan minúsculos.

En dónde no nos atrevimos a entrar fue a una especia de salones de belleza o peluquerías llenos de chicas en minifalda donde probablemente no hay ni tijeras.

Hue

Puerta Ciudad Imperial de Hue

El 3 de febrero volamos de Ho Chi Minh a Da Nang para ahorrarnos las 17 horas de viaje en tren, con un avión que nos costó unos 26 € comprado con una semana de antelación. Y con la picaresca vietnamita a punto estuvo de costarnos más caro el taxi que nos llevo a la estación de tren, donde tras una larga espera nos vendieron el billete para ir a Hue.

El trayecto de Da Nang a Hue son unas tres horas de tren, que amenizamos bebiendo de nuevo con unos militares que venían de pasar el año nuevo en Saigon y regresaban a su casa en Hanoi. Casi dos días de viaje para los que se habían preparado con una garrafa de vodka, tabaco y cervezas.

Hue fue la capital imperial de Vietnam y el complejo de monumentos es actualmente Patrimonio de la Humanidad. Amurallado con grandes puertas de entrada para dar paso a la Ciudad Imperial en su interior, donde encontramos enormes pabellones con diversas funcionalidades y templos rodeados de agua y jardines. Salvando las distancias, me recordó muchísimo a la Ciudad Prohibida de Beijing y pasamos toda una mañana recorriéndola.

Hoi An

Farolillos iluminados, Hoi An

Nuestro siguiente destino era Hoi An y para ello tuvimos que retroceder en el camino con un autobús que tardó casi cuatro horas en llevarnos a una de las ciudades más bonitas del mundo, decorada con farolillos de colores y a la vez masificada por los turistas.

Adicionalmente, como seguía siendo la semana de Año Nuevo, pudimos disfrutar de la decoración extra en las calles, pero también de la feria con juegos para niños y adultos, además del bingo con actuaciones y bailes entre cartón y cartón.

¿Camarones o cangrejos?

Pero Hoi An no es sólo una ciudad preciosa sino también una sorprendente aventura culinaria. A parte de los numerosos carros de comida con diferentes frituras, tanto dulces como saladas, destacando especialmente las tortitas de camarones y unos cangrejos fritos que te comes enteros, encontramos por casualidad el que para algunos es el mejor bocadillo del mundo.

Y cuando los locales hacen cola… algo bueno se cuece en el interior.

El mejor bocadillo del mundo

Banh Mi Phuong es un local de bocadillos tanto para llevar como para comer en el sitio, lleno con una mezcla de vietnamitas y turistas, y un precio muy similar al de la calle, 25 mil dong (no llega a un euro). Pedimos dos cada uno porque íbamos con hambre, pero la señora nos dijo que uno era suficiente; aunque estaban tan buenos que acabamos pidiendo el segundo.

De aspecto es similar a los otros banh mi (bocadillo) pero la mezcla de sabores es brutal, aunque no deja de ser un pan relleno de carne, paté, verduritas y especias que te hace la boca agua. La fama, eso sí, le llegó gracias a que el cocinero Anthony Bourdain lo describió en su show como el mejor bocadillo del mundo.

Bahía de Ha-Long

La calle del tren, Hanoi

El martes 7 usamos el avión de nuevo para volar de Da Nang a Hanoi, ahorrándonos esta vez 14 horas en las que aprovechamos para reservar nuestro crucero por la espectacular bahía de Ha Long.

Y aquí es difícil recomendar uno ya que hay tantísimas agencias con nombres similares, que incluso se copian unas a otras, y usando decenas de catálogos para engatusarte, que cuesta distinguir el engaño. Al final nos decantamos por uno de precio medio (un millón ochocientos mil dong [70 €]) de la compañía Seasun Cruise y no nos fue mal.

Espectacular Bahía de Halong

El miércoles vinieron a buscarnos para ir en autobús hasta la ciudad de Ha Long en unas cuatro horas y media, para coger el barco y adentrarnos en un paisaje espectacular. Y es que yo cuando pensaba en la bahía de Ha Long me imaginaba unas cuantas rocas, pero una vez que el barco empieza a navegar te das cuenta de la inmensidad del entorno con miles de islas e islotes de piedra.

Al terminar de comer nos llevaron a ver una cueva y a hacer kayak, aunque lo más curioso fue ver a las mujeres que se acercan con sus barcas para venderte cualquier cosa (cervezas, refrescos, fruta, snacks) usando una especia de cazo con un mango largo.

Vendedora ambulante

Por la noche tuvimos karaoke después de cenar con el resto de integrantes de la expedición. Y de madrugada nos levantamos a ver el amanecer, aunque no fue gran cosa.

Después de desayunar fuimos a una granja de perlas donde a las ostras les inyectan varias bolitas con el objetivo de que produzcan al menos una perla.

Como los cruceros son de una o dos noches, a la hora de comer varios de nuestros compañeros se marcharon a la isla Cat Ba, mientras que al barco vinieron los que habían pasado allí la noche anterior. Lo curioso fue que era un grupo grande de eslovacos que alucinaron cuando un español, en medio de Vietnam, se puso a hablar su lengua.

La última actividad era un curso de cocina y nos tocó fabricarnos la comida, aunque en realidad el curso sólo consistió en enrollar los rollitos de primavera con papel de arroz, antes de regresar a puerto y poner rumbo de vuelta a Hanoi.

Hanoi

Lago B-52, Hanoi

Las tres últimas noches las pasamos en Hanoi concluyendo con el cumpleaños de David, para finalmente despedirnos en el aeropuerto y continuar nuestros respectivos viajes.

Hanoi es una ciudad relativamente agradable con varios parques y lagos por los que pasear; pero hay uno realmente curioso denominado Lago B-52 porque dentro reposan los restos de un avión americano derribado por las baterías antiaéreas vietnamitas.

Mausoleo de Ho Chi Minh, Hanoi

Como en todas las ciudad vietnamitas la mayoría de los museos están relacionados con la guerra y exponen en su exterior tanques, armas y aviones. Pero Hanoi tiene además el mausoleo donde reposa el líder Ho Chi Minh, aunque no lo pude visitar en su interior al encontrarse cerrado.

Por las noches salimos tanto con nuestros amigos ingleses del barco, como con los eslovacos, pero mi última cena fue la más especial y es que tras comerme mi estofado de pato en el Don Duck, el dueño se sentó conmigo y cerveza tras cerveza estuvimos conversando casi cuatro horas.

Conclusión

A diferencia de Camboya donde la gente no parece tener malicia, los comerciantes vietnamitas sí que intentar aprovecharse del turista. Pero aún así no deja de ser un país totalmente recomendable con ciudades super caóticas y una espectacular gastronomía callejera.

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