La vuelta al mundo en 80 días: Camboya

Después de Bangkok el siguiente destino fue Camboya, y aunque la mayoría de turistas sólo visitan Angkor Wat, el resto del país tiene mucho que ofrecer siendo una de las experiencias más auténticas de este viaje.

Autobús de Bangkok a Siem Reap

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Frontera entre Tailandia y Camboya

Tras investigar un poco, la mejor opción para cruzar la frontera parecía Transport Co; así que el día de antes y para nos arriesgarnos a encontrarnos el bus lleno, compramos los billetes en la web de 12Go Asia por 750 baht cada uno, con un sobrecargo de 120 baht por ticket, y 71 más por el pago.

El domingo 15 de enero madrugamos para ir en taxi a la estación de Morchit, validar nuestros billetes y desayunar. El autobús salió puntual a las 9:00 de la mañana y tras un par de paradas llegamos sobre la 13:45 a Aranyaprathet, donde desembarcamos para cruzar a pie la frontera.

Cruzando la frontera

En media hora salimos de Tailandia y caminamos rumbo a Poipet, donde se puede hacer la visa camboyana en un pequeño edificio a la derecha de la entrada. En este caso, además de la foto, recomendaría llevar dólares para pagar los 30 que cuesta la visa turística, y no los 1200 baht que nos cobraron (unos 35 dólares al cambio).

Una vez hecha tuvimos que hacer cola en otro edificio para que nos pusieran el sello de entrada; y coger el mismo autobús que nos esperaba para poner rumbo a Siem Reap, donde llegamos un poco antes de las 6 de la tarde. En total casi nueve horas de viaje, incluyendo la hora y media en la frontera.

Siem Reap

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Angkor Thom

Siem Reap es el destino más turístico de Camboya gracias al complejo de templos de Angkor. Y aunque el más famoso es Angkor Wat, son numerosos los templos existentes y las opciones para visitarlos son pases de 1, 3 y 7 días.

Si vuelvo alguna vez dedicaré tres días a recorrerlos con tranquilidad, pero un día da para mucho, especialmente cuando madrugas. Por 15 dólares contratamos un tuk-tuk y pagamos 3 dólares más por ir a ver el amanecer en torno a las 6 de la mañana; una experiencia única y un punto de partida perfecto para explorar los templos, con menos turistas y sobre todo con menos calor.

Bendición, Angkor Wat

Después de ver amanecer, desayunamos pancakes con frutas en uno de los puestos cercanos y nos adentramos en el maravilloso Angkor Wat. Primero lo rodeamos y a continuación subimos a la torre central, donde vimos como prohibían la subida a una turista por llevar la falda demasiado corta, por lo que se perdió las impresionantes vistas.

Tras casi dos horas obnubilados con las piedras nuestro conductor nos llevó al siguiente templo, Angkor Thom. Y esta es la maravilla de Angkor porque cada templo es completamente diferente al anterior.

Pies de piedra, Angkor Thom

Angkor Thom es famoso por las caras gigantes que decoran cada torre, pero la mejor parte fue descubrir una construcción separada del templo central en una esquina y con empinadas escaleras por las que nadie se atrevió a subir (hasta que nos vieron arriba), que nos permitió disfrutar de las vistas sin el agobio de las masas.

La siguiente parada fue Ta Keo, un templo piramidal y cuyas escaleras llegan a empinarse tanto que dificulta la subida, pero especialmente la bajada. Por suerte era un día soleado pero no me quiero imaginar las posibles caídas en un día lluvioso.

Tuk tuk, Siem Reap

Y por último visitamos Ta Prohm, donde arboles y piedras se entremezclan dandole un aire misterioso; y en el que se rodaron algunas escenas de Tomb Raider.

El resto del día lo pasamos en la piscina y dándonos un masaje, para por la noche descubrir la calle de bares, con decenas de chiringuitos móviles dónde tu mismo “pinchas” la música desde YoutTube.

Phnom Penh

Motodop, Nom Pen

El martes al mediodía pusimos rumbo a Nom Pen, donde vive nuestro amigo Ángel.

La capital de Cambodia es una ciudad bulliciosa con un pasado terrible. Y es que cuando los jemeres rojos la tomaron en 1975, sus 2 millones de habitantes fueron evacuados y forzados a trabajar en el campo, convirtiéndola en una ciudad fantasma.

Por eso es visita obligada la del Museo del Genocidio “Tuol Sleng”, un colegio convertido en la prisión S-21 durante el regimen de Pol Pot. Y que ahora cuenta las atrocidades que se cometieron durante los cuatro años que gobernaron los jemeres rojos después de la Guerra Civil Camboyana.

Museo del Genocidio, Nom Pen

Desde mi primera visita a Auschwitz no había estado en un sitio tan estremecedor, que te deja un cierto malestar y al borde de las lágrimas. Pero por desgracia la humanidad no aprende y hoy en día se siguen repitiendo situaciones similares en otras partes del mundo.

Aparte de la prisión hay otros muchos lugares interesantes, pero a mi siempre me encanta visitar los mercados. Y el Mercado Central no defrauda con su intensa actividad donde encuentras todo tipo de falsificaciones, pero también los mariscos más raros que he visto nunca; un contraste curioso.

Estadio Olímpico de Nom Pen

Mención especial merece también el Estadio Olímpico y no tanto por su arquitectura, pero por el hecho de que en las tardes se llena con cientos de personas haciendo deporte y tomando clases de baile. Mientras que nosotros nos sentamos tranquilamente en la grada a tomar una cerveza.

Aunque una visita a Nom Pen no está completa sin perderte en sus puestos callejeros degustando platos tradicionales como el crepe Banh chiao o el Amok, pero también rarezas como la sepia seca o la rana rebozada.

Y por supuesto, no puedes dejar la ciudad sin montarte en un motodop (moto taxi).

Koh Rong

Koh Touch, Koh Rong

El sábado 21 nos fuimos en el autobús VIP de las 8 de la mañana a Sihanoukville para coger el ferry a la isla de Koh Rong, donde pasamos las siguientes tres noches.

Una isla con playas paradisiacas que el turismo acabará matando, pero que de momento aún guarda unos cuantos lugares tranquilos en los que tumbarse a pensar, leer o descansar.

Kep

Mercado nocturno, Kep

El martes 24 cogimos de nuevo el ferry para volver a Sihanoukville y en furgoneta llegar a Kep, para las últimas cuatro noches en Camboya.

El mayor atractivo de Kep es el cangrejo, una auténtica delicia, pero la mayoría de los turistas se quedan en Kampot y hacen una excursión de día, por lo que es un sitio perfecto para mezclarse con locales y descansar en la playa.

Deliciosa cabeza de pato

La misma noche que llegamos vivimos una de las mayores aventuras del viaje al “colarnos” en una boda camboyana. Y entrecomillo colarnos porque pasar por delante fue razón suficiente para ser invitados.

Primero por la policía, que vestidos de uniforme tenían una mesa fuera de la boda, en la que bebían cerveza y degustaban, entre otras cosas, cabezas de pato. ¿Cómo se comen? Pues partes el pico con las manos y con la boca tiras de la lengua hasta los sesos. Una curiosidad más que añadir a la lista de alimentos raros.

Disfrutando de una boda camboyana

Y después por alguno de los invitados e incluso la hermana del novio, que nos invitaron a pasar adentro para seguir bebiendo cerveza con hielo, otra especialidad camboyana, mientras bailábamos en la orquesta.

Por suerte alguno de los invitados más jóvenes chapurreaba inglés y hubo algo de comunicación. Pero el idioma no fue barrera para ser invitados también por los mayores a sus mesas cada vez que intentábamos irnos. Y por supuesto, por nuestros amigos los policías para abrir la última Angkor antes de montarnos en la moto de Ángel para volver al hotel.

La Plantation, Kampot

El mercado del cangrejo lo visitamos de día para ver su actividad y saborear alguno de los pinchos y pescados a la parrilla, pero también de noche para cenar cangrejo a la pimienta en sus restaurantes. Y más fresco no puede ser porque antes de cocinarlos sacan los cangrejos vivos de las cestas que tienen flotando en el mar.

Cuando Camboya era colonia francesa su pimienta era una de las mejores del mundo y ahora se está recuperando, por lo que el jueves alquilamos un par de motos para irnos a ver La Plantation donde nos explicaron todo el proceso de elaboración de la pimienta además de enseñarnos las plantas.

Playa Angkaul

Después aprovechamos que teníamos las motos para ir casi hasta el borde con Vietnam a bañarnos en la playa Angkaul, donde aparte de pescadores vimos unas cuantas estrellas de mar. En total fueron unos 100 kilómetros de aventuras en mi primera vez conduciendo una scooter.

Y el viernes me fui en barco a la isla del conejo, que tiene la mejor playa de la zona, y es un lugar perfecto para desconectar si te quieres quedar a dormir en uno de los bungalows.

Conclusión

Una vez terminado el viaje, Camboya sigue siendo uno de los sitios que más me ha sorprendido. Al estar menos desarrollado todo es más rural y se siente más auténtico, la comida es sabrosa y barata, y todo el mundo parece vivir feliz con la sonrisa siempre en la cara.

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