20 aniversario del último ascenso a Primera del Club Deportivo Logroñés

Hoy se cumplen 20 años del segundo y último ascenso del Club Deportivo Logroñés a Primera División. Fue en El Salto del Caballo en Toledo y yo tenía tan sólo 11 años.

Desde que nací mi padre y mi abuelo me hicieron socio del equipo de mi pueblo; y de pequeño no había ningún otro club para mi, ni Barça ni Madrid. Siempre pensé que sería socio del Club Deportivo Logroñés hasta el día que me muriese, pero nos lo mataron antes. Por eso guardo con gran cariño ese viaje a Toledo.

Organizando mis cajones las pasadas Navidades encontré un cuaderno en el que, entre otros recuerdos, relataba con inocencia ese viaje.  Si alguien me hubiera dicho hace 20 años que sólo nos quedaba una temporada en Primera, no lo hubiese creído.

Releyendo mi relato el ascenso parece algo normal, nada fuera de lo común; el Logroñés tenía que volver a Primera y punto. Ojalá nunca se hubiese marchado.

Como entonces no sabía lo que era Internet he decidido transcribir aquí, en mi diario de viajes, el relato de aquella aventura. Mi pequeño recuerdo para un equipo que siempre estará en mi corazón. Odio eterno al fútbol moderno.

Viaje a Toledo

Mirador_Toledo
Mirador, Toledo

Logroño, Domingo 19 de Mayo de 1996

Me levanta mi padre a las 6:00, desayuno, me visto, me aseo, mi padre coge la bolsa y yo la bufanda, cerramos la puerta y nos vamos.

Abajo esperamos a Basilio, viene sobre las 6:45 con el Seat Ritmo, en el también van Alberto y Joseba, en la radio del coche estaba la canción: “Un limón y medio limón”.

Aparcamos enfrente del almacén de Telefónica, vamos andando hasta la estación, allí cientos de aficionados corean canciones del Logroñés, eran las 7:00, entramos en el kiosco de la estación, preguntamos por el Marca aunque todavía no lo tenían.

Sancho_Panza_Toledo
Sancho Panza blanquirrojo

Poco a poco van llegando los autobuses. Teníamos dos entradas del autobús nº 16 y dos del nº 17; Basilio cambió una del nº 16 por una del nº 17 con un chico, así los tres nos montamos en el nº 17, mi padre y yo delante y Basilio atrás. Alberto y Joseba iban en otro autobús.

En el autobús el conductor dijo lo que teníamos que hacer y lo que no, también dijo “Aúpa Logroñés”. Nos dieron a cada uno una banderita del C.D.Logroñés, un paquete de caramelos “Aldusa” y un mapa de Toledo.

Salimos de la estación sobre las 7:30, en la rotonda de Chile/Circunvalación había policías dirigiendo el tráfico, pasamos por el puerto Piqueras, Soria y Guadalajara. Le preguntamos al conductor dónde íbamos a almorzar, y dijo que en el km. 103, pero después le dijeron por emisora que no parase ahí, paramos un poco antes, pero como había varios autobuses más del C.D.L. no paramos ahí.

Parador_Toledo
Parador, Toledo

Después paramos en la carretera porque una chica se meaba, luego paramos a almorzar en el km. 103, en ese bar todavía no tenían el Marca, almorcé un bocadillo de tortilla de patata, era la 13:00 cuando salimos. Luego en Madrid vimos despegar y aterrizar un avión, las chabolas de los gitanos, un concesionario muy grande y las Torres Kio.

Al entrar a Toledo pusimos bufandas y banderas de Logroño, La Rioja, España y el C.D.Logroñés, había policías dirigiendo el tráfico, luego en la estación había 25 autobuses del C.D.L., cientos de aficionados cantando, tres furgones de policía y otros autobuses, uno de ellos con dos partes.

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Entrada Toledo – Logroñés

Al salir de la estación, preguntamos que dónde estaba la parada de autobús a un guardia y nos dijo que se hacía antes andando. Pasamos por un paso elevado y fuimos a un kiosco a comprar el Marca.

Después al pasar por un paso de peatones un señor desde un coche nos dijo: “Aúpa La Rioja” y nos enseñó un banderín del Logroñés firmado, luego fuimos hacia el Casco Antiguo, vimos los monumentos, me eché una foto en el mirador, otra con Sancho Panza, miramos un sitio donde comer. Comimos en el Bar Restaurante El Arrabal; yo comí una sopa castellana, chuletas de cerdo con patatas, bebí agua y de postre tomé helado.

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Entrada Toledo – Logroñés (niño)

Luego al salir fuimos a comprar unos pendientes a mi madre en una tienda cercana al bar en la calle Real del Arrabal. Yo me compré un pin del escudo de Toledo y nos dieron dos postales. Después compramos los pendientes a mi hermana en la C/Comercio, preguntamos como se llamaba la plaza y nos dijo que Plaza Zocodover, en ella encontramos al tío César y también había muchos aficionados riojanos.

Desde la Plaza Zocodover llamamos a Torres para que viniera a buscarnos con su coche y nos llevó a un parador de la carretera, tomamos algo y yo eché una foto a papa, Torres y Basilio, y papa a mi; ambas, como marco, la ciudad de Toledo.

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Estadio Salto del Caballo

Marchamos hacia el Salto del Caballo; antes de entrar Torres nos da las entradas y se las pagamos; al entrar cogí una banderita del Toledo, papa me echó fotos; también merendé. Nos dieron un papel en el que se pedía que, durante el primer minuto de juego, desde el pitido inicial hasta que se oyera una bocina el público se volviese de espaldas al campo como protesta por las cargas policiales sufridas por la afición toledana en Leganés.

Tras el pitido inicial de Llonch Andreu los 6000 espectadores volvimos las espaldas. Tras este acto cánticos de ambas aficiones y el minuto 21, ¡Goool! del pichichi Manel. Al termino de la primera mitad 0-1. Pero en el minuto 51 gol de Víctor, de penalti, y la alegría volvió en el minuto 77. ¡Goool! de Simeón que había salido en el minuto 75. En Madrid, gol de Morales para el Mallorca en el minuto 78. La emoción continuó hasta el final.

Cuando el arbitro pitó el final del partido, en el reloj digital del estadio faltaban 5 minutos, ya que cuando se cumplía el minuto 84, los empleados del reloj, queriendo ganar 5 minutos lo situaron en el minuto 79. Sólo sirvió para engañar a los aficionados más despistados.

Cuando Llonch Andreu pitó el final, la euforia se desató entre los aficionados y Simeón se aferró al balón; después cánticos y celebraciones; luego, cuando se empezaba a ir el público, una y otra afición coreaban el nombre de los contrarios. Luego al salir intercambié la bufanda con un toledano.

Torres nos acompañó hasta la estación, allí nos despedimos y él se marchó. La estación estaba llena y los riojanos tiraban petardos. Nos marchamos hacia las 9:30, con una pequeña anécdota, ya que el conductor no quería dejar entrar a unos delincuentes ya que en la ida habían rajado y quemado con los porros uno de los asientos. Yo me dormí nada más salir.

Paramos en Aranda de Duero, compramos un batido en el supermercado, ya que el bar estaba hasta los topes y no podían atender a todos. Vemos a Alberto y Joseba. Luego partimos hacia Logroño, me vuelvo  dormir. Llegamos a las 4:00 y el autobús paró en Avenida de España. Fuimos a por el coche y Basilio nos llevó a casa.

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