Catástrofe de nieve en Hungría

La pesadilla terminó 24 horas después y pudimos volar a México, donde llevamos cinco días disfrutando del clima, la comida y su gente.

Desde aquí quiero agradecer eternamente a Air France y en especial a Gabor Kovacs, empleado en el mostrador de Air France en el aeropuerto de Budapest, ya que entendieron nuestro problema y nos cambiaron los billetes para el vuelo del sábado sin coste adicional. Y también, por supuesto, a todos los que intentaron ayudar, dieron ánimos y cruzaron sus dedos deseándonos suerte.

Caos desinformativo

El principal problema del viernes fue la desinformación, ya que los policías sabían poco de lo que estaba sucediendo, además de que sólo algunos chapurreaban el inglés. Pero después hemos descubierto que no fue sólo la desinformación, si no también la incompetencia del gobierno húngaro, que está siendo criticada en internet, la que agravó el problema.

El viernes era festivo en Hungría y pese a que la nieve del jueves era esperada, parece ser que no pusieron medios suficientes limpiando las carreteras, por lo que la nieve empezó a acumularse y junto con la ventisca, provocó la autodenominada catástrofe.

El gobierno no declaró el estado de emergencia hasta las 11 de la mañana del viernes, pero para esa hora, algunos coches llevaban atrapados en la carretera 15 horas. Lo peor es que ni tan siquiera la página web de las autopistas húngaras fue capaz de dar información en tiempo real, ya que cuando la comprobé tanto a las 11 de la noche del jueves como a las 3 de la madrugada justo antes de salir, sólo mostraba un par de puntos con accidentes, pero nada de cortes o restricciones.

Así que el caos se apoderó del norte de Hungría, sacando incluso los tanques a la calle para rescatar algunos de los coches que estaban sepultados por la nieve. Por otro lado, también recibieron ayuda desde Austria, que mandó seis quitanieves para ayudar. Pese a todo el esfuerzo, parece ser que las carreteras no se abrieron completamente hasta el domingo.

Nuestra historia

Snow catastrophe, HungaryTras contactar con Air France por diferentes medios, nuestra única posibilidad de cambiar los vuelos era hablando con alguien en el mostrador de la aerolínea en el aeropuerto de Budapest, así que Alexito se fue para allí en el tren, que sufrió un retraso de más de dos horas, por lo que para cuando llegó en torno a las 9 de la noche los empleados del mostrador ya se habían ido.

En ese momento la desolación se apoderó de nosotros, ya que las opciones de volar a México cada vez parecían más remotas, e incluso Tommi y yo, que seguíamos en el McDonald’s de Győr pensamos en volvernos con el coche a Bratislava.

Snow catastrophe, HungaryTras devorar nuestro segundo McMenú intentamos encontrar una habitación, pero todas las plazas hoteleras estaban ocupadas. Nos informaron de que habían habilitados varios sitios donde pasar la noche y mientras intentábamos encontrar uno de estos, un coche empezó a seguirnos hasta bloquearnos el paso.

Aunque temimos lo peor, era una encantadora húngara que en un perfecto italiano nos explicó la situación y nos acompañó hasta el aparcamiento de un centro comercial, donde los voluntarios nos dieron té caliente y una tostada. Allí decidimos echar una cabezada hasta que a las 4:40 de la mañana recibimos la llamada que cambió el curso de la historia.

Air France, Budapest Airport, HungaryAlex había conseguido hablar con un empleado de Air France que había accedido a cambiarnos los billetes sin coste alguno, así que encendimos el motor del coche y pusimos rumbo a la estación de tren. Como hasta las 5:47 no salía el primer tren a Budapest decidimos comprobar si las salidas del pueblo seguían cortadas, y en efecto, así era. Por lo tanto volvimos a la estación para aparcar el coche, junto con una nota que nos identifica como víctimas de la catástrofe para intentar que no nos multen.

El tren llegó con media hora de retraso a Keleti, donde nos esperaba Alex para poner rumbo al aeropuerto, a donde llegamos pasadas las 9 de la mañana. A las 10:10 despegó nuestro avión con destino París-Charles de Gaulle, donde cogimos el otro avión que nos trajo a la Ciudad de México.

Conclusión

Al final ha sido una historia con final feliz, pero no le deseó a nadie pasar lo que pasamos, 24 horas de angustia sin poder hacer nada, pasando frío en mitad de la nada y con la desolación de haber perdido el vuelo y las vacaciones.

Adjunto un álbum de Facebook donde se puede comprobar la magnitud del temporal; por suerte, nos quedamos atrapados antes de llegar a la zona crítica, ya que no puedo ni imaginarme la sensación de tener tu coche sepultado por la nieve.

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