Una pesadilla difícil de asimilar

Hoy es, sin duda, uno de los peores días de mi vida. Mientras escribo estas líneas debería estar cruzando el Atlántico rumbo a Ciudad de México, pero estoy varado en un McDonald’s en Győr, Hungría.

Hace meses que empezamos a organizar este viaje; los abuelos de Alexito celebrarán mañana sus bodas de oro, mientras que su padre cumple 50 años en abril; así que era una oportunidad perfecta para visitar México.

Hace dos meses compramos los billetes de avión y ayer nos disponíamos por fin a olvidar este duro invierno, pero volvió a nevar y lo hizo tan fuerte que ha dejado a miles de personas tiradas en las carreteras húngaras.

Cuando anoche salimos de Bratislava a las 4 de la mañana había dejado de nevar y las carreteras parecían limpias, pero según cruzamos la frontera nos desviaron por una carretera secundaria.

Después de unos 30 kilómetros pudimos volver a coger la autopista pero la alegría duro poco, ya que en Győr nos obligaron a parar y así llevamos más de 8 horas.

Convencimos a uno de los policías para que nos dejase ir a la estación de tren, pero estos tampoco estaban funcionando.

Así que estamos parados, sin saber que hacer, con una mezcla de rabia, tristeza, impotencia y desilusión, no podemos volver a Bratislava ni avanzar a Budapest, mucho menos soñar con llegar a México, el tiempo sigue pasando y las noticias no son buenas, por desgracia sólo nos queda esperar.

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