Berlín!!!

Que ciudad más impresionante, cada una de sus calles está llena de historia, de una historia reciente como fueron los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, la posterior Guerra Fría o la más actual caída del Muro de Berlín.

Berlin Wall

Así que como mi amigo Armando se había venido a pasar un mes de vacaciones por Berlín, me decidí a comprar los billetes de autobús y así desconectar un poco de Bratislava, porque la búsqueda de piso me está sacando de quicio. Cogí el bus el jueves a las 2:30 am y llegamos a Praga a las 6:30, donde estuvimos una hora en la que aproveché para comer algo; después pusimos rumbo a Berlín con bastante nieve, lo que junto a un control de pasaportes en la frontera con Alemania, hizo que llegásemos con más de una hora de retraso para un total de once horas de viaje. Una vez llegado a la estación, me fui a coger el metro rumbo a Senefelderplatz donde me esperaba Armando.

Brandenburg GateCasi sin tiempo para descansar y con intención de aprovechar las pocas horas de luz que quedaban, nos fuimos a ver el muro de Berlín en la denominada East Side Gallery, que es una sección del muro de 1.3 kilómetros decorada con murales; la verdad que es impresionante, aunque yo me pensaba que quedaba mucho más muro, pero a parte de esto sólo hay algún trozo más a lo largo de la ciudad y el resto en las tiendas de recuerdos. Después dimos una vuelta por el otro lado del río, comimos algo en un asiático dónde me tomé mi primera cerveza alemana y seguimos paseando por el centro de Berlín viendo la Postdamer Platz, el Monumento al Holocausto y la puerta de Brandeburgo, para volver a casa a cenar y descansar.

Checkpoint CharlieEl viernes nuestro destino fue el Checkpoint Charlie, uno de los pasos fronterizos del Muro de Berlín y donde aproveché para comprarme un recuerdo de la Guerra Fría, una mascara antigás soviética. Después nos fuimos a comer la típica currywurst (salchicha cortada en pedazos con salsa de curry y kétchup) al Curry 36 (recomendado por la Lonely Planet) y para quitarnos el frío un chocolate caliente con nata. Entrados en calor nos fuimos a recorrer la calle Karl-Marx-Allee, un boulevard socialista con edificios monumentales y una anchura de 89 metros. Por la noche salimos de fiesta por el barrio y estuvimos en un par de bares (en uno tuvimos que pagar entrada) donde una rusa me dijo una de las mejores frases que he escuchado en mi vida: “Yo soy muy conservadora y tú eres muy peligroso”; que a partir de ese momento fue la coña del resto de la noche, hasta que acabamos comprando hamburguesas vegetales en McDonald’s y unos bollos rellenos de frambuesa.

Holocaust MemorialEl sábado nuestro primer destino fue la Puerta de Brandeburgo y el Monumento al Holocausto para verlos por el día, el monumento es una impresionante sucesión de losas de hormigón de diferentes tamaños e inclinaciones que en parte recuerdan a un cementerio produciendo una sensación extraña al andar por los diferentes pasillos, que además en invierno con el hielo son bastante peligrosos. A continuación pasamos por el Führerbunker (bunker subterráneo de Hitler) que no se puede visitar y de ahí fuimos a la Iglesia Kaiser Wilhelm, que tras ser bombardeada en la Segunda Guerra Mundial se conservó en ruinas como memorial y que en la actualidad está siendo restaurada por el riesgo de desplome. En el mercado navideño me comí una nueva especialidad germana llamada grünkohl mit Pinkel (salchicha con col verde) y me compré unas orejeras monísimas, que no se porque en Bratislava no venden con lo útiles que son para soportar el frío. Después paseamos por el Barrio Judío viendo la Sinagoga y los patios interiores y nos tomamos un té en el Mein Haus am See, recomendación de mi amiga Ivana. Y por la noche fuimos a la fiesta Propaganda, la mayor fiesta homosexual de Berlin en la discoteca Goya, y la verdad que me lo pasé en grande, son súper divertidos los gais.

Welcome to Berlin

Y por último el domingo quedé con mi amiga Isabel (la conocí en Basingstoke y volvimos a vernos en Chiclana) que ha estado tres meses de prácticas por Berlín y estuvimos dando una vuelta viendo un par de mercados navideños, la Catedral, la Bebelplatz (plaza donde se quemaron en 1933 más de 20.000 libros de Marx y otros autores) para terminar echándonos una cerveza en el metro en plan vagabundo. Nos despedimos y volví con Armando, que me acompañó a la estación para coger mi autobús, el cual me llevó de vuelta a Bratislava en tan sólo once horas y media…

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