Bratislava (Semana 8)

Esta ha sido una semana larga al coincidir con la Semana Santa; visitas de Osquitar, una couchsurfer china llamada Vera y mi hermana y su novio con viajecito a Budapest incluido, aunque lleno de desgracias.

El lunes después de currar estuve jugando al fútbol con los eslovacos; como hace buen tiempo parece que jugaremos todos los lunes outdoor. El martes sorpresa, hubo otra fiesta en la bodega de la empresa, champán, tinto, blanco y muchas delicatessen para comer. Después quedé con Maño y con Morales para despedirme.

El miércoles tuvimos una reunión de couchsurfers en una nueva cervecería que hace su propia pivo; nos juntamos unos cuantos aunque con los que más estuve fue con Ivana y Eugene.

El jueves por la tarde llegó Osquitar y juntos nos fuimos a buscar a Vera (la primera couchsurfer que alojo sin contar a los tres del fin de semana anterior, que ya los conocía de algunos meetings), después se vino Eduardo y nos fuimos a cenar al Slovak Pub para a continuación echar un vino en el Spirit, donde sólo estaba el camarero con una pareja de amigos; fue una noche rara en todos los bares ya que pese a ser fiesta el viernes, los bares cerraron en su horario normal y había poca gente de fiesta, que religiosos son. Después echamos una cerveza en Flagship donde nos juntamos con Matthieu y otro francés y acompañamos a Vera a casa. En el camino de vuelta me encontré con Ryan y su hermano y nos juntamos con Marek para ir a Subclub, pero estaba lleno, parece que toda la gente estaba allí. Intentamos entrar a Havana pero ya estaban cerrando y terminamos, como no, en Channels junto con Jesús de Trnava y sus amigas Liva y Monika.

El viernes por la mañana visitamos el centro de la ciudad y subimos al castillo, para después comer goulash en Flagship, y creo que aquí empiezan nuestras desgracias por comer carne en Pascua. Con tiempo de sobra para coger el autobús llegamos a la estación super justos y acabamos perdiendolo delante de nuestras narices, porque encima nadie nos supo decir cual era el autobús a Budapest. Así que con cara de tontos volvimos a casa a ver nuestras posibilidades y nos fuimos a la estación de Petržalka a coger tres trenes por 31 putos euros, el primero a Parndorf en Austria, el segundo a Gyor en Hungría y por último a Budapest. Una vez allí cogimos el metro (posiblemente el más destartalado de Europa) para ir al Hostel, pasando antes por el Burger King, y en nuestra habitación de cuatro para los tres (Edu, Osquitar y yo) nos recibió una puta vieja al grito de "don’t talk!".

Cenamos, nos cambiamos y fuimos a encontrarnos con Rita, una couchsurfer que nos sacó de fiesta por Budapest, tras probar en varios bares petadísimos, por fin pillamos mesa en uno donde nos tomamos la primera birra hungara; después nos llevo a un sitio impresionante, literalmente este tipo de pubs se llaman "ruin pubs" (bar en ruinas) y es algo así como un chamizo gigante, un edificio semiabandonado con un montón de barras y habitaciones llenas de mesas y sofás rescatados de la basura; en la que nos sentamos nosotros acabamos de charla con una escocesa y dos soldados americanos, y para terminar la fiesta bajamos al sotano donde había una fiesta rave en plan desfase; la verdad que es un sitio digno de visitar.

El sábado por la mañana vimos la Sinagoga, compramos las entradas para la fiesta de la noche y en la Catedral me encontré con uno de Logroño, Juanillo, que junto con su novia habían ido a visitar a una amiga de Erasmus en la ciudad. Después fuimos a la Opera y cogimos el metro para ir a la Plaza de los Héroes y visitar también el Parque de la Ciudad. A la vuelta decidimos reutilizar nuestro billete de metro, y nos encontramos con la única revisora de todo el fin de semana, que nos puso una multita de 6000 florines hungaros (unos 22 €) a cada uno. Nos juntamos con mi hermana e Iñaki que acababan de llegar y comimos juntos en unos puestecillos en Deak ter, dandonos cuenta que la comida hungara se basa en piscinas de aceite, jajaja; Eduardo y yo comimos tócsni, que es una especie de pasta de patata, ajo y cebolla frita en aceite. Después cruzamos el puente, vimos el final de la guerra de almohadas, subimos en funicular y visitamos la zona del Castillo, el Bastión de los Pescadores y la Iglesía de Matías.

Bajamos de nuevo a la ciudad, hizimos "florínahorro" en McDonalds y compramos algo para beber en el hostel de mi hermana antes de ir a la fiesta en las termas. Una vez en Rudas Bath tuvimos que hacer cola, petada de tíos y encima españoles, pero bueno, en la fiesta nos lo pasamos de puta madre, y el concepto de estar emborrachandote mientras estás a remojo tanto en el baño turco como en la piscina templada mola mucho. Eduardo y yo fuimos los únicos que aguantamos en el agua hasta el final, con la desagradable sorpresa de que nos habían robado las chanclas, aunque todavía fue peor descubrir que en nuestras bolsas impermeables había entrado agua y mi cámara chorreaba, así que el hostión que me di escaleras abajo (unos 10 escalones) en mitad de la noche y que me ha dejado un moratón enorme se ha quedado en nada, vaya finde de infortunios. aun así repetiría de nuevo está fiesta, eso sí, sin girarme para hablar en las escaleras y dejando la cámara en el vestuario (por lo menos he podido recuperar las fotos a base de arroz y molan bastante).

El domingo nos fuimos a un pueblito llamado Szentendre (que suena como Santander) y es un pueblito muy pintoresco a orillas del Danubio. Comimos una especie de pizza y fuimos a Skanzen, que es una reconstrucción de un pueblo hungaro con diferentes estilos tanto en la construcción de las casas como en la decoación interior, estaba lleno de gente, sobre todo hungaros celebrando la Pascua, y la verdad que está chulo pero al final resulta un poco pesado, lo que más nos sorprendió es la altura que tenían las camas hungaras. De vuelta en Szentendre dimos un paseo por la ribera del Danubio y después por las calles de la ciudad, para acabar comiendonos un Lángos, otra especialidad hungara de la fritanga que es una especie de masa de pan a la que le ponen queso y nata o lo que les pidas. De vuelta en Budapest caminamos un rato de noche, para tener una vista diferente de la ciudad, y volvimos a hacer florínahorro, jaja.

Ayer lunes amaneció lloviendo y no paró en todo el día. Fuimos a ver el Parlamento, que se parece por fuera a Westminster en Londres, pero no pudimos entrar porque estaba cerrado, así que visitamos la Catedral y la Opera para que la vieran Miriam e Iñaki y buscamos un sitio para comer típico hungaro y gastar los últimos florines, yo opté por sopa Jokai que tiene alubias y tocino y de segundo cerdo con una especie de noodles hungaros que se llaman Borjúpaprikás. Esta vez con tiempo fuimos a coger el autobús de vuelta y llegamos a Bratislava donde también estaba lloviendo.

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2 comentarios

  1. Joder, vaya fin de semana movidito… ¿Ha sobrevivido la cámara, o sólo has podido recuperar la tarjeta de memoria? Me estoy pensando si escribo yo también sobre la semana pasada, que estuve en Grecia de vacaciones… ¡vaya país, y vaya locos que hay por allí!

  2. La cámara está muerta, me he tenido que comprar otra urgentemente, jaja. ¿Por Grecia de vacaciones? Cuenta, cuenta.

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