Bratislava (Semana 3)

Esta semana tocó hacer la primera locura y el martes me fui con mi amigo Diego a que me enseñará la zona de estudiantes (mlynská dolina), cogimos el tranvía, echamos una cervecilla en un pub y nos fuimos al Casey, una discoteca petada de estudiantes y de estudiantas en la que la cerveza costaba 0.90 € y los Gin Tonic 1.90, así que allí pasamos la noche y claro, llegando a casa a las 5 de la mañana pues el miércoles me quedé sobado para ir a trabajar.

Por la tarde estaba tan cansado que al final no fuí al meeting de Couchsurfing mientras que el jueves quedé a cenar con Katarina (aquí parece que todas se llaman Katarina, jajaja).

El viernes me levanté bastante acatarrado, así que después de la jornada laboral decidí que lo mejor era reposar y me quedé en casita viendo Lost, así aproveché para hacer un poco de turismo el sábado por la mañana conociendo nuevos rincones de esta ciudad encantadora; además en el Tesco me atreví a comprar en la pastelería, por lo que lo próximo será intentarlo con la charcutería o la carnicería.

El sábado por la tarde fuí con Diego y Edu a ver el Red Bull Street Style, una competición en la que se enfrentaron toda clase de gambiteros, magos del balón y malabaristas en rondas de tres minutos para decidir el mejor de Checoslovaquia y que será el representante en la final en Sudáfrica, dando toques al balón y haciendo auténticas virguerías.

Me tuve que ir antes de que terminase (con victoria final de un checo ante el favorito eslovaco) para recoger a Sandra en el aeropuerto, que ha sido la primera visitante de una larga lista de viajes confirmados de diferentes amigos y amigas. Cenamos en casa y después dimos una vuelta por algunos de los bares del centro de la ciudad como Havana, Channels y Río.

Ayer domingo, habiendo dormido poco más de cuatro horas, cogimos el bus para visitar Viena, que es una pasada de ciudad. Allí nos juntamos con Mario y Leyre (que son mis próximos huéspedes) y pasamos toda la mañana recorriendo las hermosas calles de esta ciudad, en la que casi cualquier edificio parece un monumento, además de presenciando una de las cosas más curiosas como fue el rodaje de una película, en la que incluso aparecían camellos. Empezamos la visita en la Catedral, después la Opera, el Barrio de los Museos, el Palacio Imperial y el Ayuntamiento, donde tras quedarnos con las ganas de patinar (doce eurazos) comenzamos la búsqueda de un sitio para comer, terminando en un restaurante bastante pintoresco donde lo que mejor sabía era la cerveza, jaja. Después pasamos por la feria rumbo al Danubio y casi anocheciendo visitamos los jardines del Belvedere, concluyendo con un paseo por el centro esta maratoniana jornada de casi 10 horas de turismo.

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Un comentario

  1. me alegro que te vaya bien Pablo, eres un tio grande, ahhh, esos cubatas a 1.80 muy bien eh? ya podian aprender Soho, Stocolmo y compañia, jajaja

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