Basingstoke (Semana 15) y vuelta a casa.

Con un poco de retraso escribo esta entrada, mientras sigo adaptandome a mi nueva vida, porque una vez más cuesta mucho despedirse de todo, de una ciudad, de un país, de toda la buena gente que allí he conocido e incluso del trabajo, jeje.
 
Esta semana ha sido corta, ya que el lunes fue Bank Holiday y estuvimos en Galés, pero ha sido la semana de las despedidas. El martes cuando fuimos a trabajar había un atasco impresionante, estuvimos más de 25 minutos parados y vimos un todoterreno volcado en mitad de la autopista; por la tarde me encontré a Yolanda y nos tomamos una cerveza para despedirnos, porque ella se marchaba a Bilbao el finde.
 
 
El miércoles no tenía curso pero tampoco fui a currar pensando en aprovechar el día, pero como la suerte no está conmigo se pasó toda la mañana lloviendo. Por la tarde fuimos a ver la final de la Champions al Laarsen’s, un ambientazo increíble, con la bandera de España y la de Inglaterra en la fachada, y con tele hasta en el baño, para no perderse un sólo minuto. Después de la victoria hice una paellita en mi casa.
 
 
El jueves me comí el último bocadillo en la tienda de South Warnborough, y me despedí del pingüino, jajaja. Por la tarde quedé con Scymon, mi compañero polaco del curso, y echamos unas pintas para despedirnos; cuando volvía para casa vi unos bichos que no se que coño son luchando (si alguien me aclara el misterio que mire las fotos 3912 a 3914 del álbum Basingstoke (Mayo’09)).
 
 
El viernes era mi último día de curro, así que me dedique a empaquetar y comentar todos los archivos, ya que por ejemplo Tim va a usar mi aplicación en un meeting esta semana; al mediodía nos fuimos a comer al Poacher y mis compañeros me regalaron el libro Portraits of England con todo fotos de Inglaterra y firmado por todos ellos; para comer me pedí el Slow Roasted Belly Pork, otra delicatessen bien presentada y que me supo de puta madre; la comida la pago el jefe y entre otras cosas hablamos de mi experiencia y de mi futuro. La verdad que ellos han quedado muy contentos con mi trabajo (pese a que a mi me parece que aun podía haber hecho más) y el informe que hizo Richard es impresionante, además que tanto él como Paul me agradecieron varias veces mi duro trabajo. Tras despedirme de todos salimos un poco antes de la oficina y fuimos a ver Basing House, que son las ruinas de un palacio que fue destruido en la Guerra Civil Inglesa, situado en Old Basing, al ladito de Basingstoke.
 
 
Después fuimos a comprar al Morrisons y a casa a empezar la barbacoa (aunque también comimos paella y albondigas que tenía congeladas), vino Luiz mi compañero brasileño del curso, el australiano compañero de piso de Cyril y Marco cuando salió de currar. Luiz se marchó el primero porque tenía el IELTS el sábado, pero los demás la líamos bastante, sobre todo Marco y yo que de camino a Liquid entramos a tomarnos unos chupitos al Skewers, para después entrar al Censo, aunque no había nadie y acabamos subidos a la estatua del niño del abrigo azul, desde la cual se le cayó a Marco mi cámara, que ya no enfoca en las fotos con zoom; en Liquid nos juntamos con Cyril y el australiano, y también con Santiago que andaba con la gente del Nandos, menudas risas nos echamos.
 
 
El sábado nos levantamos tarde y llegamos a Londres con el tiempo justo para ir a dejar las mochilas a casa de mis amigos colombianos y marcharnos a Twickenham para ver el partido de rugby entre Inglaterra y Barbarians (que es una especie de all-star formado por jugadores de diferentes países y que juegan de blanco y negro con las medias de su club de origen). Otra vez me tocó escuchar el himno fuera del estadio, como en Wembley, pero esta vez sí que vi el saque tras una buena carrera, jeje. El partido molo mucho y se nos pasó rapidísimo, en el descanso salimos a comer una hamburguesa y comprar la bufanda de los Barbarians, que acabaron ganando a Inglaterra por 33 a 26. La pena fue que el estadio no se llenase, asistieron sólo 40.121 personas pese a que tiene capacidad para 82.000, ya que es el segundo estadio más grande de Reino Unido después de Wembley. Cuando terminó el partido dimos una vuelta al campo y entramos a la tienda del Rugby, para después irnos a cenar a un chino en Fulham, pero al terminar Dani se puso malo y tuvimos que volvernos a casa.
 
 
Al final salimos Cyril y yo a dar una vuelta y estuvimos en un bar de australianos, donde las camareras acabaron bailando subidas a la barra; de vuelta a casa vimos un garito que parecía que molaba, el Sugar Hut, y claro que molaba, pero nos pegaron la clavada del año, 30 libras por dos chupitos de tequila y dos mojitos. El caso es que era un restaurante tailandés, con muy buen ambiente, musica en vivo, budas e incienso, y el portero nos dijo que normalmente la entrada no era gratis, pero que podíamos pasar, eso sí, sólo pedimos una ronda, jaja, y eso que el mojito fue el mejor que me he bebido en mi vida, pero también el más caro. Con un riñón menos nos fuimos a casa cuando cerraron a las 2.
 
 
El domingo nos levantamos relativamente pronto y fuimos a desayunar, casualmente las camareras eran francesas y Cyril pudo poner en práctica su idioma, jeje; nos despedimos de Daniel y Paola y pusimos rumbo a Greenwich, donde nos costó llegar más de una hora, ya que pasamos del Suroeste de Londres al Sureste, pero mereció la pena, ya que el parque mola mucho y estaba lleno de gente al solecito, los museos tienen un montón de cosas para ver relacionadas con el tiempo y el espacio, y la foto en el Meridiano 0 es obligatoria. Después de tomar un rato el sol fuimos hasta Tower Hill donde me esperaba John Wright, mi primer couch, que nos llevo a ver The Gherkin, la torre de cristal con forma de huevo construída por Foster, para después ir a ver Barbican, un complejo construído sobre la ciudad original de Londres tras ser bombardeada en la Segunda Guerra Mundial y que separa coches de peatones, creando un conjunto muy curioso de ver; nos tomamos una cervecita allí y nos dirijimos a través de la City a el Millenium Bridge, para acabar paseando toda la ribera del Tamesis hasta la estación de Waterloo.
 
 
El lunes me levanté pronto, recogí todo e hice las maletas, Cyril vino a buscarme con mi sueldo y nos fuimos a comer un desayuno inglés al Laarsen’s, para echar la despedida; después cogi el autobús a Heathrow y a Bilbao vinieron a recogerme mis padres. Ayer estuve echando unos pinchos con mis colegas, mientras que hoy me he pasado por la Universidad a entregar todo el papeleo y también a saludar a mis profesores.
 

 
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